Hombre

(ANS)El Papa Francisco en su carta para la Cuaresma de este año hace un llamado a ser generosos con los necesitados, señalando que esta generosidad nos lleve no a dar lo que nos sobra sino a dar de lo nuestro. En este sentido el ejemplo de Chuck Feeney un hombre de 85 años que donó toda su fortuna en obras de caridad se le aplica la frase: “No repartió migajas. Entregó el pan entero”.

Chuck Provenía de una familia de católicos inmigrantes de Irlanda del Norte que se fue a vivir a Nueva Jersey, Estados Unidos. Su madre era enfermera y su padre trabajaba en una aseguradora. Su primer trabajo fue a los diez años, vendiendo tarjetas de navidad casa por casa.

Amasó una fortuna formidable de unos 8 mil millones de dólares, él es el inventor de los “free shop” en los aeropuertos. Su interés por los problemas de las personas más necesitadas ha sido una constante en su vida a través de obras filantrópicas.

Hace unos años, luego de asegurar el futuro de sus hijos, creó en 1982 la Fundación “Atlantic Philanthropies”. Que con su dinero ha servido a causas que abarcan desde atención a la salud hasta misiones de paz. En diciembre de 2016 se desprendió de los últimos siete millones de dólares que le quedaban. “Dice estar tranquilo consigo mismo después de dar todo su dinero”.

Actualmente vive junto a su esposa en un modesto departamento; del cual ni siquiera es propietario. Su propiedad más valiosa es un reloj plástico de 15 dólares que es inseparable de su pulsera. Para viajar usa el tren subterráneo ya que no posee auto.

Lo importante va más allá del dinero. Consiste en la satisfacción de que estás logrando algo que es útil para las personas. “Nunca me dolió desprenderme del dinero porque nunca me sentí apegado a la riqueza material. Me encanta vivir como lo hago, sabiendo que a través del trabajo de la fundación hicimos mucho bien a personas que nunca lo esperaban. Y ver la felicidad de esa gente fue una especie de recompensa”. Palabras de Chuck Feeney.

Este es un testimonio digno de ser difundido, ya que mientras la sociedad y los medios de comunicación insisten en presentarnos las riquezas como la meta y fuente de la felicidad y el éxito personal, este hombre decidió optar por ir contra corriente y dar todo lo que tiene para hacer el bien a las personas ayudándoles ser más felices.

Chuck Feeney está lejos de la figura del hombre rico que termina segado ante el sufrimiento de su hermano Lázaro, y finalmente contentándose con una vida mediocre y egoísta. “Una riqueza excesiva que la exhibe de manera habitual todos los días: «Banqueteaba espléndidamente cada día» (v. 19). En él se vislumbra de forma patente la corrupción del pecado, que se realiza en tres momentos sucesivos: el amor al dinero, la vanidad y la soberbia”. (Mensaje de cuaresma)

Este testimonio que llama a la conciencia de todo cristiano a pensar dónde se encuentra la verdadera riqueza y dónde exáctamente tiene puesto el corazón al momento de tener que compartir con el que no tiene. ¿Damos de verdad o damos solamente lo que nos sobra?

Don Bosco antes morir pidió a don Rúa que sacara de sus bolsillos las pocas monedas que tenía expresa así su desapego al dinero: “Busca en los bolsillos de mi sotana. Saca la cartera a ver si hay algún dinero. Creo que no hay nada, pero si hay algo se lo darás inmediatamente al ecónomo. Quiero que se sepa que Don Bosco nació pobre y murió sin un centavo”.

Un hombre rico que ayudó a Lázaro

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